Parroquia
Nuestra Señora de la Candelaria
de La Viña

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05-04-18 | Noticias - Novedades

Hasta que la dignidad sea costumbre

Omar. Bueno, en realidad se llama Seik Mar, o algo similar creí entenderle. Y para facilitar su pronunciación se ha cambiado el nombre, lo ha simplificado. Lo conocí al bajar del avión que me llevaba de Alicante a París, camino al Consejo nacional de la ACO de Francia. Estaba enfadado porque no había llegado su maleta. Por error se había quedado en Alicante. Viaja una vez al mes a un pueblo que se encuentra a unos 45 kilómetros de la capital francesa. Allí vive su mujer y dos de sus hijas. Otros dos hijos mayores viven todavía en Mali. Piensa que podrán venir a Europa en cuanto tengan una situación algo mejor.

Hablamos en el trayecto de unos treinta y cinco minutos que va del aeropuerto de Orly hasta la estación de Denfert Rochereau. Ahí es donde me va contando parte de su vida y de su trabajo. Yo también le cuento el mío y se sorprende, pero se alegra. Se alegra de que haya trabajadores cristianos que se coordinen y que tengan un trabajo conjunto, o eso intuyo detrás de su sonrisa sincera.

Me cuenta que trabaja en una fábrica de calzado, una de las tantas que hay en toda la provincia de Alicante. Y que estaba enfadado porque la maleta llevaba regalos para sus hijas y perfume para su mujer. Cuando nos íbamos a despedir le pido el teléfono mientras habla con un conocido, compañero de hace tiempo intuyo por la familiaridad con que se tratan.

Curiosa coincidencia, casual encuentro que me deja un buen sabor de boca. A pesar de todos los acontecimientos que venimos escuchando y viendo en nuestras fronteras, en Idomeni, Calais o en Ceuta y Melilla, pienso que cabemos más, que nuestra sociedad europea también es capaz de acoger a personas que proceden de otros continentes. Tal vez sea que necesito no perder la esperanza y me conformo con poco. Es probable. Y me da por pensar. Y pienso en el lugar asignado a los trabajadores inmigrantes en el mercado de trabajo que hace que su existencia esté marcada por la precariedad y la economía sumergida y que deteriora sus condiciones de vida y trabajo. Y pienso en la frágil integración de los trabajadores y las trabajadoras inmigrantes en nuestros barrios, parroquias, organizaciones…

Y pienso en las personas inmigrantes con las que comparto la iniciación a la HOAC desde una parroquia de Alicante y creo que en cierta medida, estamos siendo oasis de misericordia para quienes han dejado su tierra y parte de su familia para buscar un futuro mejor. ¡Qué importante el trabajo para poder garantizar la serenidad en las familias! ¡Qué importante “el trabajo para el desarrollo de la sociedad, el sostenimiento de la familia y también su estabilidad y su fecundidad” (Amoris Laetitia, 24).

Demasiadas veces el desempleo y la precariedad laboral se transforman en sufrimiento. Es lo que la sociedad está viviendo trágicamente en muchos países, y esta ausencia de fuentes de trabajo afecta de diferentes maneras a la serenidad de las familias. En Europa y en todo el mundo.

Hay que hacer operativas la esperanza y la justicia, concretarlas en solidaridad cotidiana, en trabajos decentes, hasta que la dignidad se haga costumbre. Y hay que hacerlo por nosotros, por nuestras familias, por la humanidad. Para eso y por eso necesitamos llevar bien dentro a ese Dios misericordia, ternura y cercanía. Dentro, bien dentro, hasta la raíz.

Entreparéntesis-dialogar entre las fronteras.
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